
Salmo 24,7 dice: “¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!”
¿A quiénes abrimos con ganas nuestras puertas? ¿A quiénes nos gusta recibir en nuestras casas?
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¿Amigos? ¿Familiares? ¿Personas que nos tratan bien? ¿Personas que nos ayudan? Personas confiables?…
Adviento significa llegada. Es Dios quien llega hacia nosotros y toca nuestras puertas.
Podemos abrirle la puerta y permitir que entra o mantener la puerta cerrada y dejarle afuera.
Los evangelistas nos cuentan que Jesús sana a los que estaban enfermos. Escucha y apoya a los que son discriminados (extranjeros, niños, pecadores). Llora con los que están tristes. Comparte con los que tienen poco. Da a comer a los que tienen hambre. Busca y orienta a los perdidos. El abre “su casa”, su corazón muchas veces.
Así te pide que le abras tu puerta para recibir el amor que él ha dado a tantos otros.
¿Te atreves a abrirle tu puerta en este tiempo de Adviento?
Les desea un lindo tiempo de Adviento y desea la bendición de Dios
Pastora Hanna Schramm
